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16/9/17

Crece

Cápsulas de reverencia prometen un prolongado letargo. Sinuosas por el brío; clandestinas por emanaciones; restringidas por el suero; meditabundas por los engranajes; temerarias por el único sedante, reserva la habitación.
Si ese hombre querría rellenar su dormitorio con ellas, no cabrían decisiones por invadir. Si ese hombre ufanase plétoras de vivientes hojas, esas plantas inundarían prontamente.
El hombre sabrá atiborrar su lecho con plantas enmacetadas. El sabrá pulimentar a resguardo cada una de sus flores. El sabrá erigirlas, dotarlas de semillas que volarán entre telas de una tenue habitación donde dormirá.
A veces las plantas deshacían sus quereres de movilidad quedándose en la misma tierra, para no variar sus ángulos.
El hombre no lo sabía; la planta sí. El vegetal colmaría todo espacio con sus raíces asfixiándolo. El hombre no lo notaría, la planta comería a quien tras ardides volcara las aguas con su póstumo aliento.

9/9/17

Incorporeidad

Habrás perseguido la última gota del líquido disipado; habrás conservado la utopía, el resguardo y desdeñado el engaño; irás a atravesar el límite, el horizonte, la incorporeidad.
Un hombre se dirigirá hacia la frontera migratoria. Lo invadirá la osadía. Lo atentarán los dígitos que una vez supo, antes, anteriormente al encuentro.
Sin embargo, él lo desconocerá. Lo invadirán testimonios de viajeros consumados, de huellas de su devenir. Sin embargo, él lo desconocerá.
Cruzará la frontera, aunque volviéndose incorpóreo. Detalle significante de parpadeos ilusorios. Y atravesando aquella, notará haber dejado su experiencia.
El hombre dará un paso, dará otro y, en su invisibilidad, reconocerá su póstumo olvido. Reconocerá un trato, ineficaz: dejará sus conocimientos prácticos en la frontera de los nacimientos.

2/9/17

Helar

Durante términos de hielo, el hombre caminaba sobre un puente. Había optado por tocar el hierro, sus cadenas; había elegido ser quien congelase.
Mientras se alejaba de su ciudad, el hombre gélido, paso a paso, veía claros en el cielo. Temía una sutil evaporación, un escarnio contra su conducta. Un velo de calor. Un tapiz de color. Una conclusión. Mientras caminaba alejándose de su hogar, todo lo tocado se convertía en hielo.
Cuando llegó al otro extremo del puente, una conferencia de altas temperaturas lo intimidaron: necesitaban derretir.
Temió por el puente; temió por ese hierro yendo hacia las aguas. Temió por un castigo -evaporarse- aunque no lo hizo. Aquel hombre de hielo se había mimetizado con el hierro, y desde entonces dejó huellas por el arrastre de sus cadenas.

26/8/17

Saltos

Salto sobre arenales de un minúsculo sector adiestrado. Cobijo el sublime oráculo, su perdición y embuste. Los saltos serán breves dagas de un destino móvil.
Sé que la arena intenta confundirme; habla de engaño, habla de hielo. Sé, también, que consume vaticinios de un renglón cuyos párrafos han analizado mis ancestros hasta dotarme.
Sin embargo, ignoro cuánta arena he batido a mi alrededor. Cuánta marea de tormentas, y cuántos granos para decidirme a continuar saltando sobre el mismo sitio. Los arcanos traductores del verbo han deshecho cualquier atisbo singular que degollara la piel sedienta de su propia sangre. Los arcanos dijeron que debía saltar durante siglos, milenios, en conversaciones de un oscuro desmán irrigándose tras pupilas.
Y sé que jamás volaré. Me entierro poco a poco sobre la misma arena, bajo los mismos decires. Y jamás volaré, lo sé, aunque reconozco que nunca lo he intentado.

19/8/17

Atravesaron

Multitud, somnífero caótico estimulando, caminaba. Desde los límites de la parsimonia; hacia las estelas de los aires, paso a paso, dormía lentitudes.
Un cúmulo emergía desde el lago, otro desde la montaña. Se enfrentarían, escabullirían sus brazos uno frente al otro. Y, cuando salieron todos del lago, expandiéndose circularmente, vieron a los demás juntándose -en círculo- contra ellos.
Había grandes y pequeños hombres, aunque desaforándose exhaustivamente. Y corrieron, y abarcaron, productos de una fe sólita.
El choque, el enfrentamiento, dirigió caídas y maniató curvas. Nadie sobrevivió, nadie vio siquiera la lluvia tenaz. Agua que pronto deshizo a los muertos; agua que repentinamente crió el lago, y, éste, atravesó todo mundo.

12/8/17

Desaparición

Deteniéndose ante la esfera, ante el mundo, un océano murmura. Inquirires de las aguas dicen, y desdicen, imposibilidades por descender.
Es que no hay tormentas; no hay sol. No hay luna. No hay vegetación, animales ni ser vivo alguno. Los desafueros de los fructíferos cambios reinan sobre otras cosmogonías. Y las afrentas, lo bélico, rinde pesares hasta glorificarse.
Aproximándose ante el mundo, hay vientos que mueven rocas. Ellas dicen, y desdicen, sobre los suelos, que no habrá jamás anquilosamiento alguno, que no habrá destiempo ni existencia; sino, tan solo, arena y piedras que correr.
Entonces, las mareas no desafían caerse hasta lo profundo de interminables rocosidades andando. Ellos, los océanos, no incurren de ninguna forma. No descienden, no ocultan. No asfixian.
Sin embargo pocas gotas serían necesarias. Porque pocas gotas darían forma a las rocas, para marcar, para detallar, el símbolo de la extinción.

5/8/17

Círculos entre puertas

Arrugas de un sol débil, sometían. Aquel hombre tal vez fuera el último y, desconocidamente, vivía en una habitación circular.
Ignorando sus años, nunca había visto la puerta de la pared. No había observado la abertura, cuando con un sopor inusitado decidió abrirla. Al atravesar su umbral, se halló en un pasillo circular rodeando la anterior pieza. Y comenzó a caminar hasta encontrar otra puerta.
Avanzando abertura tras abertura, vio innumerables pasillos, todos circulares. Y la póstuma puerta se abrió. La cruzó. Y se situó en una pieza cuadrada.
Aquel espacio disponía de cuatro aberturas; una sobre cada pared. Y lo intimidó un océano vespertino con mareas sin vientos; deteriorando más aún, su magnitud optativa.
Aquel hombre notaba, por su transitar, ningún ser humano más sobreviviendo. Aquel hombre lloró su pánico; aquel hombre retiró su viaje y ahí se quedó obturado por sus dudas hasta morir temiendo los círculos.

29/7/17

Agua hielo

 A veces timbres lejanos adhieren un brutalismo adverso. A veces ascienden; a veces descienden. Pero el sonido, ese murmullo, es grito fenecido ante brazales de agua.
Mientras la gélida montaña agrupa cielos de muerte, el temido entorno es lecho, colmillo desafilado frente a elucubraciones por venir. Es que circunrodea a la montaña, medallas de desenlaces auspiciativos, renglones de coartadas redundantes. La rodea, aguas heladas aunque no sólidas.
Derritiéndose durante su eterno entumecimiento, hacia abajo se dirige. Licua sus bordes cada descenso haciéndose líquida, mezclada con los ríos, mezclada con los bríos de las astucias.
Y murió, y se deshizo.
Sin embargo, cada parte de su compostura sonó. Sin embargo, cada una de sus iniciales cantó hasta ahogarse, la montaña de hielo, bajo profundidades ensoñadas.

22/7/17

Variando frecuencias

En torno a los sujetos, un brío cosmológico acertará impresiones vagas. Acertará diversidades, acertará merodeos en sus frecuencias, en sus percepciones.
Cuando presagios de embustes paganos arriban a cada uno, todos ven objetos en el mismo sitio, bajo los mismos criterios, bajo el mismo rótulo. Y, tal vez, al presenciar lo mismo, dirijan, sus conocimientos, un delgado rayo hacia sus arterias coagulando.
Es que mantienen, entre ellos, la misma frecuencia; deviniendo, así, un mismo dato para todos.
Pero al olvidar la pauta de cada uno de ellos, la frecuencia muta. Admiran diferencias ante sí. Sin embargo, aunque todos pueden recordar el unísono, admiten disimilitudes.
Pero aún así, ven un elemento imparcialmente. Ven una puerta, ven su umbral, ven su color. Y la cierran, impiden sus alternancias. Impiden el asombro.

15/7/17

Inquietud

Derraman, oriundas apreciaciones, tratativas márgenes de zumbidos cláustricos. Asiente el remanso, inquieta un terremoto, en el mismo espacio cognitivo.
Náuseas de gravedad, fijaciones perdurables, atienen claves de cifrados conectados. Y un terremoto es ballena táctil cuando deviene, y un remanso purifica volubles acciones de merodeos. Mientras la espera por unificar hechos consume al remanso, éste detonará, éste calificará sinnúmero de sensaciones libertariamente sofocando.
Pero, hay un terremoto; pero, hay un remanso. Ambos en el mismo espacio desasen los quiebres de percepciones. Y se ve, y se habla, según maneras de caóticas miradas.