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24/9/16

Similitud

Sobre el abismo resonaba un movimiento, un crepuscular sentido. Fuera de signos clarividentes y asintomáticos, demostrados, refulgían, hasta ceder, hasta comprobar, eternas aguas componiéndose letales.
Es que había un remolino en el mar. Antecedido por preámbulos mareados, decía ser oreja del único rostro marino. Decía ser auténtica cara vista por los vientos y atravesada por barcos; decía ser cara sin cuerpo, aunque a veces, escasas, explicaba perderse bajo las profundidades. Y el remolino era una oreja, y la oreja tenía un oído, atento, quieto y sumergido.
Ese oído pertenecía al fondo del océano. Pertenecía a longevas particiones sin resultados devenidos, ese oído refractando dudas; cavilaciones por ignorar, por desconocer su latido.
Entonces se detuvo el remolino, la tormenta. Se disolvió el rostro y, con él, la oreja. Así, la cara variaba de postura, su posición encrudecía otros perfiles dándose hacia el cielo. El único y último testigo registrando la fisonomía de los abismos del agua.

17/9/16

Impedido

Lograba verla a través de una escalera opaca. Había sido construida durante el mismo período que el resto de los objetos de la casa; y ella, esa ventana, madrugaba vespertinidades climáticas para ser vista tronando.
Se hallaba dentro de una casona, dentro de un hogar inhabitado. Especulaban, sus constructores, acerca de estigmas entre los dueños para olvidarla ahí; para secularizarla apenas ahí, donde solo un ventanal había sido hecho, y donde el resto eran puertas.
La ventana se encontraba en el piso superior. A veces la veía sin necesidad de ascender escalón por escalón; deteniéndome sobre los descansos hasta reanudar el camino. A veces la ventana parecía venir hacia mí. Volcarse sobre mi cabeza hasta el suelo y mostrarme horizontes de otros mundos acuciando.
Pero a veces, escasas, porque desde la primera vez que me acerqué, toda visión resultó imposible; todo atravesamiento entre sus marcos, un vejamen consultado bajo días sin más sol que una intención.
Sin embargo hubo sido construida normalmente: se respetó una abertura para permitir la vista.
Pero a veces, demasiadas, pude oír menciones de los constructores acerca de la ventana. Que sus dueños habían jurado en ella la representación de los conceptos heridos, de los conceptos que son su propia contramarcha, como si un tren se movilizara sin vías.
Y aquellos comentarios acerca de la ventana, simbolizaron en mí, con su impedimento, una razón irrazonable, un mito lógico –si no es que todos se fundan en peripecias paralelas al mundo real-, un sentimiento abstracto y un destino maleable: ocultar la transparencia.

10/9/16

Retroceso

Entre la mohosa oscuridad, reina un camino recorrido.
De pie dentro de la habitación, agarro una vela, y la enciendo; juzgan, su prontitud, someras hojas de trigo dialogando en los rincones. De pie, doy varios pasos y me apodero de una llave. Ya frente a la puerta, ya frente al circuito vital de toda templanza, ya radicándome bajo pétalos de un sol muerto, la abro.
Y cruzo a través del umbral. Jacto cada ápice sombrío hasta anclarme hambriento a la espera de una mortecina luz aterrando cuanto pensara.
De pie dentro de la habitación, cierro la puerta. Nada estorba, nada zahiere el cónclave preciso de objetos aledaños. De pie, dejo la llave y camino. Recodos auspiciosos, renglones de un texto herido por la silbante mano que lo sostiene, sugieren que apague la vela, y la deje sobre el suelo. Lo hago.
En el moho, la oscuridad; y yo, tentándome a recorrerla repetidamente.

3/9/16

Tierra a través

Por partes irás hacia el sol, tierra. Solo por partículas verdosas, y hemisferios consagrándose a itinerarios vastos, irás, tierra, hacia el sol.
Lúgubres atrios dispondrán para tu reposo. Albergarás el fuego, lo tendrás con tu hielo oscuro aunque nutriente antaño en aquél, tu planeta. Ya nadie ni nada se interpondrá ante tu visita; ya no habrá visita, sino hospedaje eterno para materializarse árbol sin frutos, y con nubes, y con satélites.
Ya las hojas de tu arbusto sedarán tangibles partos de osadas partituras con musicalidad heroína al permitir, al lograr, plantar en el sol.
Es que a vos, sol, ella, la tierra, deberá cuanto organismo descifrase hordas de hormigón lacerante en cuestión de abruptos segundos mellados. Es que a vos, sol, debe y deberá el día; y la comprensión de las noches. Debe y deberá cada tallo, yuyo, y terminales maniobras quejumbrantes al oír, al despedirte, aunque visitándote.
Habrás ido, habrás vuelto. Siendo tu visita tenaz y sin comparaciones secuaces habrás ido, habrás vuelto, sobre un sol despertándote firmamental.

27/8/16

Huracanización

Envuelvo todo lo que ante mí aguarda. Envuelvo elementos vivos, elementos muertos; quito la más prudente hoja de la planta más feroz.
Formando un círculo alrededor de mi paso, dejo cicatrices lavadas con el polvo de una roca. Pasos certeros, pasos conformes a quien desde alturas demuele librando objetos para caer.
Aceleraré mares, prodigaré encierros y veré la destrucción de mi existencia dándose cuando atraviese espacios dolientes con la única mano sedándolos. Y aterrizaré, descenderé para luego volver hacia mí, hasta mí, hasta mi elevación usual donde reino, mando y dirijo cuanto huye, cuanto atrapo.
Formando aquel círculo nivelo las antorchas de las carreras más injustas; las carreras para sobrevivir y establecerse, la carrera que siempre hacia un final corre tropezando con la misión como idea.
Era un huracán, y seguiré siéndolo. Era un huracán viviendo la valentía de mis presas. Era un huracán horadando su último camino, su última imposición, su última postura ante siniestros destinos.

20/8/16

Derritiendo

Sembraba, el derretimiento pleno, con desplazamientos inoportunos. Aquella agua que había sido nieve, movía su abdomen, piernas y brazos hacia la extremidad de las cegueras.
Cuanto había caído siendo nieve se había convertido en agua; ésta se había dirigido a través de todo lo llano y toda pendiente hasta colocarse inmóvil como referente de su accionar. Cuanto había caído había sido blanco que, luego invisible, hechizaría, con varas terrenales, osadas regiones de un nombre exhaustivo. Quien mirase socorrería mentores ciegos hasta elevar exámenes de jovial tesitura; quien mirara suspendería tráfagos adueñándose de todo precipicio, verdad y postura de los dueños del complejo versátil.
Y se adelantaba, y regresaba; se desplazaba sobre llanos horizontes hasta pender desde huellas con páramos estáticos y avanzar –derritiendo- su entorno.
Es que primero nevó, y después fue correntada acuosa; pero siempre, desde inicio hasta fin, derretimiento. Y derritió casas, y derritió organismos vivos, y derritió la columna de los paraísos sostenidos. Y fijó, y sentenció, ser único cadáver perdurable frente a un derretimiento, el fuego insospechable.

13/8/16

Desértico océano

Vacío; tan respetable por evasivo es el desierto, así el océano. Al recrearlos, al identificarlos, al morderlos con el mortecino diente de la conceptualización, se detienen para caer y suspenderse sobre la avenida sin nombre de los vanos trayectos.
Consumen días arbitrando su despotismo tanto el desierto como el mar. Rumian tenaces las veredas de lo recóndito y asfixiante; lo insuperable, lo aleccionador e intimidante: lo perpetuo.
En un solo día se verán gotear multitudes sobre aguas, ya venidas corriendo desde el desierto, hasta colapsar innúmeras valentías de cuerpos decrepitándose tras revelarse finitos. Aquellos mantos de agua atraerán serpenteando multitudes; aquellos arenales sedientos harán crepitar con fuego de moribundo cordón inequívoco a los hombres, al ejercitar, al verterse y platicar acerca de un mismo concepto polarizado.
Pero no todo fue apreciado por los ojos de fieles sin creencias. No fue vista la gruta. Entonces, mientras la nieve continúa cayendo, se eleva ascendiendo místicamente hasta poder ser nombrada. Hasta poder ser titulada, tal vez en semejanza con otro sitio, hasta poder ser conceptualizada siendo carbón blanco.

6/8/16

Héroe

Recordaba haber combatido, y haber vencido. Recordaba que no había sido su guerra por más que hubiese estado en ella; aunque la tramitase siendo esfinge hercúlea y perito, personaje y referéndum de cuanta muerte ocasionara.
Solamente remembranzas alcanzaban días y noches desolando todas sus variantes, su sol, su luna, todo vestigio madurando perpetuo. Cada vez que notaba haber sido el único sobreviviente, un imperio de agonías clarividentes esfumaba detrimentos de soledad ferrosos. La caída de la luz, su vértigo promoviendo la venida de la oscuridad, denotaban otras batallas, otros combates para darse.
Y aquel héroe, único sobreviviente, tras haber experimentado su primer duelo, vio el segundo al enemistarse la tierra con los astros. Y, así, devino el fin, la extinción de todo ser vivo –después recordado-; aunque él, el héroe, residiera en un más allá donde respirar resultara un don dado por los dioses.
Desde que presenció batallas, el único remanente hubo sido un recuerdo. Desde que hubieron finalizado y él sobrevivido, recordó, aquel hombre, toda la vida donde ya toda la muerte se infundía entre sus costillas. Quiso morir, quiso verter su sangre hasta ceder y no recordar, no volver a resucitar remembranzas sitiándolo. Pero no supo, es que desconocía una nueva afrenta dada entre su memoria revuelta y su paz buscada; y ese combate lo extremó condicionándolo.

30/7/16

El bosque y el lago

Sobredimensionaba, el bosque, toda búsqueda por intrepidar raíces. La tierra, los árboles y toda vegetación hervía ante el desconsuelo de una lágrima viva rechinando en su interior: un lago vaporoso.
Asuntos similares sucedían arriba, aunque también debajo de cláusulas endiosadas en memorias de eternidades bruscas. Asuntos de guerra, asuntos de paz, residían en el bosque, y en el lago; cuando el telar de los secretos se ensimismaba contra toda plétora, contra todo marcial, siendo infierno y cielo. Y nadie más vivía ahí; nadie, ningún animal, ningún hombre, cabía donde poder exhalar abismos entrechocados dimensionaba buscando límites atravesables.
Hasta que el lago no hubo dilatado su frontera, y superado los márgenes orillezcos; hasta que el lago inundó la vegetación cubriéndola con su manto estertóreo, no se había atrevido a someterlo, a dirigirlo, y, siendo condescendiente, a reinarlo.
Hasta que ese lago, hasta que ese cielo no ocupó ese bosque, ese infierno, Dios no supo dónde ubicarse, consolado, esta vez, por la ausencia de la mirada de los hombres.

23/7/16

Cantó

Cantará desde barrancos y con furores paganos. Ella, la tierra, despertará a los días y adormecerá a las noches; ella, la tierra, contemplará mares de afrentas puntiagudas con temor seco de convicciones puramente, cuando sepa, cuando arrastre, sigilosas humaredas hasta el relincho de los desiertos.
La tierra cantará cuando sol y luna desaparezcan. La tierra dirá sus sones sin compases aunque con vientos atosigándola denodadamente. Ella desolará tribus de cautivos desenfrenos con motín de un campanal vociferándose audito; vociferándose ahíto, tenaz, plural hasta un medular resquiebre de vértebras, ante la música de un cielo oscuro y sin astros. Y fingirá, atormentará noctámbulos desenfrenos con júbilo y espanto.
Al verte, tierra, serás persona. Serás apasionante clamor de debates constitutivos hacia desmayos paradojales. Serás duelo, y serás alimento; serás puerta, y también, ventana hacia astros merecedores de arrebatarte, tierra simple.