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14/1/17

Sobrevivencia

Ante el término del universo, lo abstracto redunda hasta eternizarse. Podría resguardarme y alertar; podría irme hacia mí mismo nacimiento, aunque olvidara, por más que perdiese, salutaciones como despedida.
Entre vaguedades, acuden imágenes del sol acabándose, y del aire deshaciéndose. Pleitos sucumben frente a irradiaciones del final, aunque cada estrella comenzara a caerse durante un sinfín de cosmos desaliñados.
El sol se extinguió. La oscuridad salió de su nido para acobardar millares de pájaros temiéndose. Mientras el aire se expandía hasta perderse, mientras ese oxígeno mudaba a líquido hasta acostumbrarnos acuosos.
Recuerdo el sol irse durante la desolación de cada pulmón contrayéndose. El agua clara se pierde y, bajo la determinación que permite solamente recordar, remembranzas quebradizas traen la imagen de tu inmortalidad.

7/1/17

Hacia el fin

Caigo irrefrenablemente sobre el hielo. Cuanto cada una de mis extremidades reza por aferrarse a la pendiente, un destino inapropiado urge enfadándose.
Hay un lago al terminar la caída; uno esperando, uno sediento de la única carne que ve, ha visto y verá desde el inicio mismo del goteo conformándolo.
Habrá un lago sentenciándome sagaz; aguardará este impulso para detenerlo con aullidos de agua revuelta, aguardará diciendo que esquive, que no hunda, que no moje mi cuerpo áspero.
Hay un lago carbonizando heridas utópicas. Ahí caigo y, conmigo, saldos de un inesperado jardín desde la cima prometiéndose.
Por la avalancha caigo, ahí, en ese lago. Por la avalancha caigo, y retengo, y maniobro, un destino paradisíaco según es el único otorgado.

31/12/16

Sujeto

Viendo lo mismo sobre sí, él hacía cuestionamientos descifrados por vialidades. Hacía menoscabo de su furia, de su espera y de sus rechazos; él caminaba continuando un sentido, una dirección, un sendero, un solo apocalipsis.
Aquel quien por sus manos intuyera más revelaciones que labores, lo ignoraría. Aquel quien subestimara cuestiones de aferramientos cósmicos durante la batalla del rocío, anhelaría un vejamen corporal. Pero él, este hombre, cantó para desprenderse del universo; de las nubes, estrellas y cielo adosados a su vista.
Es que cuando él caminaba, los mismos objetos astrales lo perseguían. Sin poder despojarse y siempre viendo lo mismo, caminó, caminó hasta ufanar otras perspectivas.
Pero el cosmos lo soltó, y él cayó hacia las profundidades bajo un suelo de vaho crepitante. Y él cayó hacia lo oculto, hacia lo inenarrable: él cayó, y el cielo declaró seguir abatiendo impaciencias.

24/12/16

Juramento

Aseguró, siendo fiel presagio, vengarse. Lo hizo durante el último bombear de su corazón; lo hizo mientras el estampido, el latigazo sangriento se echó entre las arterias, bajo la piel.
Luego de morir su cráneo fecundo temió horadar las profundidades de la tierra, de esa arena donde él había perdido la batalla, la deshonra, la guerra y su consiguiente paz. Laceró, su cuerpo, la multitud; y sin librarlo con un ápice de sutil fiereza, lo domaron hasta retorcerlo.
Cuando feneció le hicieron una estatua de piedra. Ella estranguló sus cicatrices y llagas hasta depararlo de pie en frente de la muralla lejana. Y la estatua fue venerada, sí, elogiada y atestiguada por todos.
Entonces, aquel hombre antes de morir, había jurado vengarse.
La piedra de la estatua comenzó a erosionarse. Se derritió la pintura atravesando dispares crepúsculos diseminados. Y la venganza se preparaba, mientras, hasta socorrer con ese polvo arenoso cada pulmón hasta hendirlo. 

17/12/16

Adorno

Revivía espasmos añejos, quien en plena libertad solidificaba partes de cristales sobre su piel. Uniendo uno al lado del otro, durante momentos temían perderlo de vista; aunque brillase, aunque bajo el día apresurado, rindiera máculas de vaporosas despedidas.
Lo hacía en su total libertad. Era libre y, postergando escapismos hacia montañas delicadas, lo repetía. Obtenía el cristal de las cavernas. De las profundidades de cuevas emergía con sus diamantes y rubíes. Y se los adosaba, y los lucía, y los admiraba.
Pero prontamente comenzó a despertar apuestas. Algunos se inclinaban por arrojarlo al río para que se hundiese y se olvidara convirtiéndose en trajinoso tesoro; otros pensaron en venderlo, sí, en darlo ganando una gran suma de oro a cambio.
Mientras, aquel hombre de los cristales, trató de huir, de fugarse, de escapar lejos; hacia el desierto quizás, hacia el interior de una caverna tal vez.
Cuando aquel hombre fue apresado, pensó en que sería un esclavo, él, quien siendo libre se hubo transformado en un adorno ostentoso.

10/12/16

Gira

Apreciaba objetos durante su quietud. Y, ya dentro de la sala, una vara, desde el suelo hasta el techo, hincaba valores de contritos despiertes.
Ya lo había decidido; ya añoraba que me atasen a esa vara que podía girar velozmente. Y lo hicieron: durante aquellos momentos me mimeticé con la vara; hasta cuando giró, hasta cuando rápidamente perdí ciertos aspectos de mi rutilante ensimismamiento para intentar ver lo quieto.
Giraba. Giraba yo, y giraba la vara. Fuimos un mismo elemento repitiendo el goce de lo osado e inquisidor. De lo intrépido, de lo vertiginoso.
Giró, y durante esos instantes abrí los ojos. Y vi la sala, y observé cada objeto, durante su quietud, durante un colapso eternamente inmuto.

3/12/16

Cayendo

Multitud de rocío, de agua, de lluvia, caía. Desesperadamente se veía cada gota frente a otra; a veces uniéndose, a veces chocándose, a veces extinguiéndose.
Muchas gotas caían frente a los árboles. Elaboraban un rito con su tráfago, un desfile pululante; un verso, esgrima, hierro y espuma. Un ritual, con su tráfico mediante, pulía razonares hasta vejar toda sequedad y hundirla con gotas desde los cielos vertidas.
Multitud de tormentas desbandaron la quietud termal de la plaza de los valores quiméricos. Intentando desafiar las inmuteces, prefirieron golpear cada llano espacio. Cada vínculo, cada espasmo inquieto abordaba a tientas moleculares sitios hasta mojarlos, hasta humedecerlos bajo imperios de delatores del ocaso.
Y, mientras la lluvia cayó, una gota murió. Se detuvo entre los aires quedando suspendida durante la eternidad de la batalla del agua. Llovió, y, tras el aguacero, aquella gota permaneció sobre las alturas ostentando carencia de vida, ignorancia de otras existencias y otras caídas; caídas con peso, mientras ella, la gota, había muerto.

26/11/16

Color

Operan, las extremidades, en ciertas variantes espaciales.
Sería un defecto si no contribuyera otro vacío a ser ocupado; a ser inserto, oblicuo y pernicioso, dentro de los ámbitos de los utilitarismos.
Desde el erguimiento de los cuatro muros, él camina notando los colores, sus colores, los adquiridos por paredes de prolongada altura. Adivina sus nombres y características. Cree en las rutinas por adornarlo todo hasta la aparición de un visionario: quien vislumbrase una experiencia distinta.
Quien vaticinara la existencia apenas oculta de los colores, admiraría sus extensiones; sus acercamientos y adueñamientos, sus dones, su escurridiza creencia y plenitud. Entonces, quien hallara tanto milagro como sorpresa, palparía el otro espacio, la otra habitación, y el otro recorrido.
Los colores se habían separado de los muros. Podían verse, palparse, y comprenderse siempre que se aceptase otra espacialidad conviviendo con quien los descubriera.
Los colores se habían ido para no regresar. Se habían ido para pertenecer a los vientos, y transitar, sobre los aires, espacios hasta ocuparlos, transgredirlos y colorificarlos.

13/11/16

Tren conductor

Tren conductor: un tren atraviesa el diámetro del planeta. Algunos pasajeros ingresan, y permiten, de esta manera, demostrar sus características.
El ciudadano, la ciudad
La ciudad, el ciudadano: dos arañas y una ciudad bajo el agua, omiten plegarias ante sus deseos.

12/11/16

Respiro

Respiro; sobre las aguas de la laguna, respiro aireadas de claroscúricos enjambres variando. Pero mi intención es descender, ir debajo del líquido, ése, el que abruma con su asfixia.
Inhalo, exhalo. Inhalo, mientras carboníferas dilataciones emanan desde cúbicos residuales aquejándose lujuriosos. Exhalo, cuando todo lo visto es comprendido, cuando todo lo oído es atendido. Y, lentamente, el agua comienza a cubrir todo mi cuerpo.
Y, al ubicar mi cabeza bajo la superficie, sopesan catadurías extravagantes un consuelo por permanecer vivo. Vida que pronto sugiere extinguirse, latir, siendo lo último, latir más allá de las exigüidades.
Pero logro permanecer vivo; aunque temiera fenecer bajo presiones. Y noto, y advierto, que la compostura del agua varió, que ya no requiere branquias, que es aireada para mi título pulmonar.
Durante una travesía elocuente, al descender apenas, respiro bajo las aguas. La permeabilidad sujeta bruscos cabotajes de trópicos perdiéndose, mientras yo, al respirar, auguro la transformación de los mundos, o, al menos, de los entornos si es que no fuesen lo mismo.