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22/4/17

Reverso

Arboleaba cierta vegetación blandiendo en la oscuridad. Cierto árbol, cierto vegetal. Arboleando identificaba la separación entre ambos mundos.
Desde que había sido plantado, residían, sus hojas y flores, bajo tierra. Las raíces, enarcadas, proliferaban entre los vientos donde el rocío se acercaba, se alejaba, y desaparecía.
Desde que había sido plantado, humeaban, sus semillas, a poca distancia; siendo ubicadas apenas milímetros de sus segregantes.
Y la justificación, y el motivo, había sido permanecer bajo las sombras, alejadas de toda luz. Y aunque urgía la necesidad humectal de las raíces, por más agua requerida, se blandían entre tenuidades solares ciertos rocíos, ciertos respiros.

15/4/17

Diálogo rocoso

Dos rocas pequeñas establecían madrugadoras pláticas. Mientras el resto se alivianaba, mientras el diálogo oraba espátulas de carbón mortecino.
Ellas, convencidamente, se demostraban qué harían cuando murieran; se comunicaban qué harían cuando fuesen solo polvo. Pronosticaban atravesar el sol, hundirse en la tierra y descansar sobre las aguas. Pero desconocieron qué y cómo hablaban.
Advirtieron que resplandecía el polvo desde una hacia otra. Advirtieron, y avistaron, sus desgastes mientras aquellos conformaban el diálogo. Las diminutas piedras hablaban entre sí, y cada palabra estaba constituida por el polvo erosionado.
Desde ese hallazgo, deciden mantener silencio; y así, prolongar sus vidas. Desde ese entonces callan. Y, sin más polvaredas haciendo pláticas, persevera su escasa corporeidad, y el silencio, derramado, aunque vivo como una ausencia.

8/4/17

Viva o muerta

Desterrada, una nube prolongaría su visita sobre la tierra. Descubriría un descenso, hallaría una caída precipitada, y cedería grumos de su corporeidad hacia lo profundo.
Ya la nube sobre el suelo, incorporó vida; su existencia era similar a la de hombres y mujeres, repatriados entre los límites de miramientos ceñidos. Y la nube pisaba, caminaba y corría; y la nube saltaba, ascendía, descendía, aunque no hasta el cielo, no, no hasta el fin.
Pero atravesaban vientos las diversas superficies donde la nube se situaba. Atravesaban remolinos, brisas auténticamente cifradas, con colmillos, de una mandíbula con un solo diente palpitando. Y de un color, y de una punzante unción, y de litros de rugosa savia.
Por más que la nube hubiera decidido permanecer sobre la superficie, los vientos optaron por elevarla. Y la llevaron hasta el cielo, firmamento, donde murió.
La acercaron a la luz, y falleció, hambrienta, aunque decidida a no regresar ni descender inmóvil.

1/4/17

Era de eras

Confiscó ilimitanzas con purpurinas estrecheces, tomó una medición. Mientras hacía cambios en variantes temporales, vio la eternidad retozando bajo líneas de un tiempo constatado.
Antes, cuando se detenía cotejando linealidades escarchozas, hacía y rehacía hasta ufanar lo otro, lo invisto. Antes, cuando las columnas de cristal pendían de un mero núcleo, hendía sus observancias bajo el tiempo medible y hallaba el otro, el infinito.
Si lo dividía en pequeñeces, siempre encontraba una más; si multiplicaba, con macro cálculos, descubría otra y luego otra hasta el hartazgo.
Entonces notó, halló, donde residía la eternidad y sus mares. Y nado esas aguas sabiendo que ahí radicaba la esperanza, su verosimilitud, la justificación, su superficie.

25/3/17

Una cueva

Registra, un hombre, sus trámites favoritos. Encumbra sus gnoseologías en marcos angostos, estrechos; y, mientras quepa, avanzará más y más.
Se arrastra dentro de esa cueva. Promete ir donde no existan otras; aunque a la vez reconoce su utopía, el atrevimiento de ansiar ideales inusitados. Entonces avanza, salta, retrocede y vuelve hacia la salida. Pequeñas pausas retrucan un mutismo sideral. Pequeñas huellas soliviantan mausoléicos derrumbes. Pequeño él, aún más que la caverna, llega.
Sale hacia un llano y camina. Atrás ve un monte; delante, una sierra. Atrás, un sueño reticulante destinó donde se halla y hallará, donde está y permanecerá.
Ha llegado donde no hay cuevas. Ahí añoraba estar, olvidándolas. Desde entonces supo que su viaje había sido fructífero, pero sin retorno, sin regreso.

18/3/17

Descripto

Delante de él, la personificación del dolor espera su cuerpo. Combina sidéricas hambrunas ante el páramo de los desesperados.
Delante, el dolor se hace cuerpo; y busca, y adviene, reclamando, más corporeidades hasta someterlas.
Rodeándolo, el dolor. Allana, su materialización, movimientos para suspender consuelos y el derrame, la caída, hacia el núcleo petrificándolo.
Rodeándolo, el cuerpo ya es abastecimiento, mortalidad y devaneo obturante  nunca cediendo, sino agrupando, sino dando, mayores cerramientos combatiéndolo esclavo.

11/3/17

Hallo

Detrás de los fenómenos de los días, la escalera retoza entre barandas inofensivas. A cada lado hay una de ellas, sobre y debajo de las nubes; a cada lado se estanca, febril, el horizonte caótico.
Decido dar pasos sobre sus escalones hasta merecerla. Antes de alcanzar un descanso, mi memoria reasigna un pensamiento como conflicto. Grutas de espionajes secuestran el tránsito ascendente. El espía no cede, tampoco el espiado. Cavernas de un solo color atienen sofisterías entre cada paso dado hacia lo alto, hacia esa sumisión ultraterrenal. Hacia esa sección, orden y deslizamiento, cuando resta un solo escalón para llegar al suelo donde di ese paso ascendentemente.
Pueril vigía, certera llama, noto terminar, haber resuelto aquel conflicto descendiendo. Pero el fuego no merma, y la llama, su llama, acelera como único tramo un plano circular.

4/3/17

A través

Había visto, su querer, una inmóvil pared con su ventana. En el parque la había visto, mientras una horda de flores acampaba sin estadía previsible sobre la pradera.
Cuando había visto el muro, exiguo por su abertura, se acercó. Veía las formas, veía las siluetas hasta conformarse nudo de ovillos precipitadamente suelto aunque con títulos.
Ya cerca, notó cierta intimidación: la ventana lo miraba a él. El hombre, dubitativo, cuestionó a la ventana porqué lo observaba. Pero seguidamente, y velozmente, vislumbró una respuesta.
Aledañas imitaciones ocurrieron ahí, donde el verde césped arranca insectos, donde un naranjor como cielo crepuscula una niebla aclimatada. Y, mientras, la desolación y el silencio fueron palabras de la ventana, dichas con anterioridad a la pregunta.
El hombre se retiró, el muro cayó. La ventana se deshizo y, clamando vinculaciones, aquel vislumbró esa pregunta arcana diciéndole que nadie debía verla a través. Que solo representaría intersecciones del parque detrás, posiblemente.

25/2/17

Líquido

Sin horizontes, sin continentes, sin fondo ni superficie, los planetas del universo repetían la infamia de la inhabitación. Podría suponerse que existían los términos; que existían muros que contuvieran vida. Aunque acá, acá y allá, nada –excepto agua- desplegaba sus fauces ante dragones de fuego.
Salvo imágenes de peces en estado líquido, ningún animal vivía entre las aguas. Tampoco había vegetales ni minerales. Atenazados mediante una oscuridad absoluta, aquellos peces desprendían luminosidad en torno. Y nadaban, y buceaban y exploraban, más y más sitios queriendo alcanzar un utópico fin a ese universo.
Pero hubo un pez que viajaba solo. Y al exhalar expelió una burbuja de oxígeno. Ese pez, también transparente e irradiador de luz, murió durante sus travesías solitariamente. En vida creyó hallar otros que, aunque con otras diferencias, nutriesen la disparidad. Pero no, jamás disidencia alguna logró cautivar a quien muerto dejó su luz suspirando oscuridad.

18/2/17

Tormentas

Limpiará bosquejos histriónicos quien no haya oído el canto de los truenos. Aguará sus dudas; restregará su melancolía; vociferará su trino.
Quienes no hayan desprendido sus altos suelos desde solares ocultos por nubes, desconocerán los relámpagos de personas calcinantes. Quienes no hayan perdido siquiera una estrofa de los párrafos muertos de los heridos de las tormentas vivas, ignorarán a quienes caerán desde ellas. Solamente un atrio desenvuelve, entre montículos, un espacio para los caídos; por más que reservasen, por más que solaparan, su sangre intacta corrigiendo precipitaciones.
Entonces los truenos serán gritos; entonces serán palabras de personas. Entonces los relámpagos serán cuerpos; entonces serán figuras de personas.
Entonces, aquella lluvia humana, desbaratará cien milagros por producirse. Entre ellos la visita de algunos ángeles; y, más allá, la mezcla.