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14/10/17

Un mundo circular

Peldaño a peldaño, él se mueve alrededor de la esfera. Estrategicamente, la escalera rodea el mundo, los arbitrios y destinos de todos los hombres.
El asciende; él desciende. La atroz marcha lo depara a permanecer en un mismo sitio, en un mismo espacio: el mundo rota. El cree; él descree. La circunvalación conjeturable procura presiones en un mismo nervio caótico.
Al andar en la escalera, paulatinamente, admite rigurosidades por una decisión optada; por anotaciones que su consciencia le transmitía.
El había dejado a su Dios, él había merecido el uso de la escalera circunrodeando el mundo. Ahora, él busca seguridades perdidas, seguridades que sus creencias antiguas le habían ofrecido. Ahora, su aventura emite desesperación; ante el sutil anhelo de hallar un espacio resguardado, ufana, suspira, e, iluso, se detiene sobre los escalones de posibilidades inaceptables.

6/10/17

Contemplación

Deletreaban orificios de aguas cayendo. De aguas horadadas, aquella multitud, al refugiarse y dialogar con la supuesta desgracia.
Solía llover; solía clarearse; solían aguaceros; solían claridades, al ver aquella atmósfera. Y nadie permanecía fuera. Nadie espectaba aquellas mareas carcomiendo suelos durante un verídico triunfo modesto.
Y la tormenta caía, y la tormenta cesaba. Y la multitud, en vez de auscultar cada arbitrio celestial, huyó. Pero en la frontera de los vientos exigió agua, pidió beber.
Ninguno supo que aquellas lluvias deleznaban las decisiones, y tomaron sus almas, y, sin otro hombre vivo, no se detuvieron.
Ninguno supo que aquella agua era divina, ni que había optado por quitarlos. Ninguno avistó la cola del escorpión venenoso construyendo una estatua que relatase su vínculo con la contemplación. Envenenamiento predilecto dentro de una multitud durante su éxodo.

30/9/17

Otro Dios

Caerá desde la cima, desde las alturas de la torre esgrimida. Caerá hacia los suelos de lo profundo; hacia los destinos de los caminos. Hacia la boca; hacia la garganta, de las victorias silenciadas.
Desde las alturas se arrojará quien solo desafiara las sendas. Saltará, y se convertirá en los póstumos recuerdos zaheridos por la impiedad de los oídos extratemporales.
Será osado; será vertiginoso, pero, al hacerlo, será atraído por otra gravedad. Será clamado por las alturas, será abatido aunque considerado electo. Es que atravesará el cielo e irá hacia la otra bóveda. La otra residencia.
Ahí no verá a nadie. Ahí no consultará ni fundará testimonio alguno.
Ahí será otro Dios, solo, otra divinidad que fundar.

23/9/17

Espada

Caducaban hemisferios cuando la espada se alzó. Doctrinas de mundos temidos; plegarias de monjes alados.
Cuando el hechicero elevaba su arma, una multitud -aquietada- contempló. Vio las heridas, subyugó sus adoraciones, y petrificó más aún su inmovilidad. Cuando el brujo alzaba su espada, los hombres, con sus palos enhiestos, permanecían inmóviles. Y las personas miraron, y ese hombre miró.
Aquel hombre de pociones, arrojó su espada. Aquella instruida persona, se deshizo de ella.
La multitud, atónita, asimilando su labor, encendió los palos que fueron antorchas. Y bajo una lava gris advirtió que el mago se retiraba.
Consejos de estandartes vivos arreciaron atómicas visiones. El hechicero debía irse. Su espada, olvidada. La multitud necesitaba conservarse; aunque desconociendo el rito transformándolos en brujos.

16/9/17

Crece

Cápsulas de reverencia prometen un prolongado letargo. Sinuosas por el brío; clandestinas por emanaciones; restringidas por el suero; meditabundas por los engranajes; temerarias por el único sedante, reserva la habitación.
Si ese hombre querría rellenar su dormitorio con ellas, no cabrían decisiones por invadir. Si ese hombre ufanase plétoras de vivientes hojas, esas plantas inundarían prontamente.
El hombre sabrá atiborrar su lecho con plantas enmacetadas. El sabrá pulimentar a resguardo cada una de sus flores. El sabrá erigirlas, dotarlas de semillas que volarán entre telas de una tenue habitación donde dormirá.
A veces las plantas deshacían sus quereres de movilidad quedándose en la misma tierra, para no variar sus ángulos.
El hombre no lo sabía; la planta sí. El vegetal colmaría todo espacio con sus raíces asfixiándolo. El hombre no lo notaría, la planta comería a quien tras ardides volcara las aguas con su póstumo aliento.

9/9/17

Incorporeidad

Habrás perseguido la última gota del líquido disipado; habrás conservado la utopía, el resguardo y desdeñado el engaño; irás a atravesar el límite, el horizonte, la incorporeidad.
Un hombre se dirigirá hacia la frontera migratoria. Lo invadirá la osadía. Lo atentarán los dígitos que una vez supo, antes, anteriormente al encuentro.
Sin embargo, él lo desconocerá. Lo invadirán testimonios de viajeros consumados, de huellas de su devenir. Sin embargo, él lo desconocerá.
Cruzará la frontera, aunque volviéndose incorpóreo. Detalle significante de parpadeos ilusorios. Y atravesando aquella, notará haber dejado su experiencia.
El hombre dará un paso, dará otro y, en su invisibilidad, reconocerá su póstumo olvido. Reconocerá un trato, ineficaz: dejará sus conocimientos prácticos en la frontera de los nacimientos.

2/9/17

Helar

Durante términos de hielo, el hombre caminaba sobre un puente. Había optado por tocar el hierro, sus cadenas; había elegido ser quien congelase.
Mientras se alejaba de su ciudad, el hombre gélido, paso a paso, veía claros en el cielo. Temía una sutil evaporación, un escarnio contra su conducta. Un velo de calor. Un tapiz de color. Una conclusión. Mientras caminaba alejándose de su hogar, todo lo tocado se convertía en hielo.
Cuando llegó al otro extremo del puente, una conferencia de altas temperaturas lo intimidaron: necesitaban derretir.
Temió por el puente; temió por ese hierro yendo hacia las aguas. Temió por un castigo -evaporarse- aunque no lo hizo. Aquel hombre de hielo se había mimetizado con el hierro, y desde entonces dejó huellas por el arrastre de sus cadenas.

26/8/17

Saltos

Salto sobre arenales de un minúsculo sector adiestrado. Cobijo el sublime oráculo, su perdición y embuste. Los saltos serán breves dagas de un destino móvil.
Sé que la arena intenta confundirme; habla de engaño, habla de hielo. Sé, también, que consume vaticinios de un renglón cuyos párrafos han analizado mis ancestros hasta dotarme.
Sin embargo, ignoro cuánta arena he batido a mi alrededor. Cuánta marea de tormentas, y cuántos granos para decidirme a continuar saltando sobre el mismo sitio. Los arcanos traductores del verbo han deshecho cualquier atisbo singular que degollara la piel sedienta de su propia sangre. Los arcanos dijeron que debía saltar durante siglos, milenios, en conversaciones de un oscuro desmán irrigándose tras pupilas.
Y sé que jamás volaré. Me entierro poco a poco sobre la misma arena, bajo los mismos decires. Y jamás volaré, lo sé, aunque reconozco que nunca lo he intentado.

19/8/17

Atravesaron

Multitud, somnífero caótico estimulando, caminaba. Desde los límites de la parsimonia; hacia las estelas de los aires, paso a paso, dormía lentitudes.
Un cúmulo emergía desde el lago, otro desde la montaña. Se enfrentarían, escabullirían sus brazos uno frente al otro. Y, cuando salieron todos del lago, expandiéndose circularmente, vieron a los demás juntándose -en círculo- contra ellos.
Había grandes y pequeños hombres, aunque desaforándose exhaustivamente. Y corrieron, y abarcaron, productos de una fe sólita.
El choque, el enfrentamiento, dirigió caídas y maniató curvas. Nadie sobrevivió, nadie vio siquiera la lluvia tenaz. Agua que pronto deshizo a los muertos; agua que repentinamente crió el lago, y, éste, atravesó todo mundo.

12/8/17

Desaparición

Deteniéndose ante la esfera, ante el mundo, un océano murmura. Inquirires de las aguas dicen, y desdicen, imposibilidades por descender.
Es que no hay tormentas; no hay sol. No hay luna. No hay vegetación, animales ni ser vivo alguno. Los desafueros de los fructíferos cambios reinan sobre otras cosmogonías. Y las afrentas, lo bélico, rinde pesares hasta glorificarse.
Aproximándose ante el mundo, hay vientos que mueven rocas. Ellas dicen, y desdicen, sobre los suelos, que no habrá jamás anquilosamiento alguno, que no habrá destiempo ni existencia; sino, tan solo, arena y piedras que correr.
Entonces, las mareas no desafían caerse hasta lo profundo de interminables rocosidades andando. Ellos, los océanos, no incurren de ninguna forma. No descienden, no ocultan. No asfixian.
Sin embargo pocas gotas serían necesarias. Porque pocas gotas darían forma a las rocas, para marcar, para detallar, el símbolo de la extinción.